Todavía estamos a tiempo: el régimen transitorio como punto de partida, no de llegada
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El problema no es solo cuánto reciclamos, sino qué pasa con el valor de los materiales que hoy se entierran
Por: Laura Reyes. Directora Ejecutiva Cempre y Miembro del Consejo Asesor de la ONU para Residuos Cero
En Bogotá se generan más de 7.500 toneladas de residuos al día y apenas alrededor de 1.200 toneladas se aprovechan. El resto termina en el relleno sanitario Doña Juana. Dicho de otra forma, más del 80% de los residuos con potencial de aprovechamiento se entierran, con impactos ambientales, sociales y económicos que ya no podemos seguir ignorando (UAESP, Alcaldía Mayor de Bogotá).
Si ampliamos la mirada, el panorama no es muy distinto. En Colombia, cada persona genera en promedio cerca de 270 kilos de residuos al año, lo que equivale a unas 12 maletas de viaje llenas. Sin embargo, solo el 17 % de los residuos ordinarios se aprovecha, mientras la gran mayoría termina en rellenos sanitarios (CEMPRE, 2025, Análisis del aprovechamiento en Colombia, con base en datos de la SUI). Esto refleja un sistema que no tiene suficiente capacidad para recoger, clasificar y transformar esos materiales en los territorios.
En este contexto, la Resolución CRA 1027 de 2026 llega en un momento crítico. La decisión de establecer un régimen transitorio para el servicio de aseo en Bogotá es necesaria para evitar un retroceso en los derechos de los recicladores de oficio y para garantizar la continuidad del servicio mientras se diseña un nuevo esquema definitivo, en cumplimiento de lo ordenado por la Corte Constitucional.
El régimen transitorio es un escudo necesario, pero no transforma por sí solo un sistema que viene mostrando límites estructurales desde hace años. El verdadero desafío está en aprovechar este periodo para corregir fallas profundas que hoy siguen dejando material y valor en el relleno sanitario.

Tenemos poco tiempo, pero aún tenemos tiempo para hacerlo bien. El problema no es solo cuánto reciclamos, sino qué pasa con el valor de los materiales que hoy se entierran. Cada tonelada que no se recupera es una oportunidad perdida para generar ingresos, fortalecer economías locales y mejorar las condiciones de quienes hacen posible el reciclaje en Bogotá. Si ese valor no se distribuye de manera justa y de forma prioritaria entre los recicladores, el sistema seguirá siendo frágil e inequitativo.
En este punto, la empresa privada tiene un rol que no puede seguir siendo marginal. Guardar, contribuir, proponer e invertir no son consignas, son responsabilidades concretas. Incrementar el material recuperado exige pensar distinto, actuar más rápido y hacer cambios reales en diseño de productos, su puesta en el mercado y el apoyo a la infraestructura necesaria para aprovecharlos. Cuando hablamos de capacidad instalada, hablamos de más y mejores centros de clasificación, equipos adecuados, rutas eficientes y condiciones dignas para el trabajo de los recicladores en los territorios. Sin inversión en esa base mínima, sin fortalecimiento de las organizaciones y sin mejores condiciones para quienes hacen el trabajo, el reciclaje no despega.
El régimen transitorio no debe verse como un punto de llegada, sino como una ventana de oportunidad que ayude a transformar de fondo el sistema, mejorando la recuperación de materiales, distribuyendo mejor el ingreso y fortaleciendo la infraestructura. Todavía estamos a tiempo de que el próximo esquema de aseo en Bogotá sea más justo, más eficiente y verdaderamente circular.