BIENVENIDA DIRECTORA EJECUTIVA

El equipo de CEMPRE le da una grata bienvenida a nuestra nueva Directora Ejecutiva Laura Reyes, deseamos lo mejor en su gestión!

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Presentamos la campaña ‘Recicla vidrio por ellas’

Cancer_de_mama

Un año más teñimos de rosa las ciudades españolas con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama.

El 19 de octubre se conmemoró el Día Mundial del Cáncer de Mama y, para sumar adeptos a la lucha contra esta enfermedad, por tercer año consecutivo hemos puesto en marcha la campaña “Recicla vidrio por ellas”. Esta iniciativa no sólo tiene como objetivo movilizar a los ciudadanos a reciclar vidrio, sino también contribuir así con una causa solidaria.

La campaña ha ido a más año tras año y, en esta ocasión, son 21 las ciudades que contarán con 146 contenedores rosas repartidos por toda la geografía española. Sandra Ibarra, presidenta de la Fundación Solidaridad frente al Cáncer, colabora activamente en esta campaña que este año cumple su tercer cumpleaños.

“Desde Ecovidrio apoyamos esta causa y animamos a los ciudadanos a participar para hacer frente al cáncer de mama, al mismo tiempo que promovemos hábitos responsables con el medioambiente. Este año extendemos la iniciativa por más ciudades por lo que esperamos movilizar a un mayor número de personas en la lucha contra el cáncer y en el reciclado de vidrio”.– Borja Martiarena – Director de Marketing Ecovidrio

Durante estos días los ciudadanos de Sevilla, Tarragona, Santiago de Compostela o Jerez de la Frontera también han podido reciclar vidrio en contenedores estratégicamente situados en puntos emblemáticos para dar visibilidad a la campaña.

En cada contenedor se especifica, además del lema de la campaña, #ReciclaVidrioPorEllas, el carácter de la iniciativa. Por cada kilo de envases de vidrio que los ciudadanos depositen en los contenedores rosas, Ecovidrio donará un euro a la Fundación Sandra Ibarra de Solidaridad Frente al Cáncer.

Precisamente, Sandra Ibarra repite por segundo año como cara visible de la campaña.

“Esta acción me hace especial ilusión porque supone relacionar la lucha contra el cáncer de mama con algo tan bonito como el reciclaje de vidrio y el cuidado del medioambiente”.– Sandra Ibarra – Embajadora de la campaña

Las mujeres, en muchos hogares, son las verdaderas garantes del reciclaje. En 9 de cada 10 casas se recicla vidrio, pero la mujer está más implicada con esta labor. Al menos el 78% declara reciclar vidrio frente al 18% de sus parejas. Estas fueron parte de las conclusiones extraídas del estudio conjunto de Ecovidrio con el Club de Malasmadres.

Para facilitar esta labor, finalmente, se ha diseñado un como símbolo de esta campaña. Parte de los beneficios en la recaudación también irán destinados a la Fundación Sandra Ibarra de Solidaridad Frente al Cáncer, para que lancen nuevos proyectos como el que acaban de iniciar con la creación de una Escuela de Supervivientes de Cáncer, que nace con el objetivo de identificar las necesidades físicas, emocionales y sociales de los mismos para poder mejorar su calidad de vida y lograr una atención sanitaria de calidad.

 

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Alberto, el ‘peso pesado’ del reciclaje en el centro

Reciclador Centro Oficio

Cuenta que lleva más de 50 años en el oficio, que está amenazado y que tiene a su mujer enferma.

Con más de 300 kilos de peso ‘al hombro’, 72 años de edad, 50 en el oficio, 9 hijos y más de 200.000 kilómetros de patoneadas, Alberto Silva Zabala, el adulto mayor que recoge materiales para reciclaje en el centro de Bogotá, hoy siente que se le acaban las fuerzas. Ya no sabe de dónde las saca.

Son cientos de cajas de cartón, de botellas, papel, plástico y metales que pareciera le van a caer encima.

–Ya estoy viejito, dice. Y sonríe.

Hoy, lo que más lo agobia, no es esa carga que vende por pesaje en las bodegas de los barrios Cundinamarca y Samper Mendoza, sino los otros pesos, los invisibles, los que no se ven atados a su carreta: la envidia, porque hace un par de semanas fue amenazado por alias ‘Guillo’, el de la camioneta roja, solo porque los comerciantes le regalan las cajas de cartón; por la pensión, tan esquiva y lejana como los años que ya recorrió, porque dice que llegó a esta edad sin tener un futuro seguro; y por último, lo que más le duele y le preocupa, la salud de su mujer, la madre de sus hijos, postrada en una cama, enferma, dice.

De las amenazas

–Es que estamos en Colombia hermanito, un país altamente peligroso, afirma mientras toma un café con leche y una almojábana.

Ahora tiene ‘guardaespaldas’ porque también le han robado galones de plástico, sus cajas, sus herramientas, tantas veces que ya perdió la cuenta… más de diez. Pero él no quiere problemas ni con los ladrones, ni con la justicia ni con el de la camioneta roja y por eso toma sus precauciones.

–Por eso es que este país lleva medio siglo en guerra. ¿No será porque somos muy abejitas?

El kilo de cartón lo pagan a 300 pesos y por cada guacal de madera que lleva a las bodegas de acopio son 200 pesos, lo que vale una caja de chicles. Con eso suma al día unos diez o quince mil pesos: 3.500 para el almuerzo, otro tanto para el ayudante que se consiguió para que lo acompañe después de la amenaza y lo que le sobra, cuando es que le sobra, lo usa para pagar el sustento de su casa.

–El otro día me entrevistaron y después de eso me iban a robar que porque yo era rico y famoso, como si esto fuera una mina de esmeraldas –señala los bultos que le cuelgan a su carreta–. Si eso fuera una mina, todos andaríamos armados con un pistolón así de largo y señala su antebrazo.

De la pensión

–Oiga, ¿será que el Gobierno no me da una pensión, toda la vida jodiéndome y será que no me pueden ayudar?

De lo que puede recordar es que no ha cotizado más de 120 semanas, según su relato y, cuenta, que lo poco que hace al día lo utiliza para pagar los medicamentos de ella.

El hombre no se queja, al contrario, se sonríe y con orgullo dice que, aunque es un trabajo duro, gracias a este logró sacar a todos sus hijos adelante. Muchos de ellos trabajan en la electrónica, asegura.

–¿Y ellos le ayudan?

–Antes yo les ayudo a ellos –contesta–. Es que cada uno anda en lo suyo –manifiesta mientras mira por el vidrio a su ayudante que vigila la carrera–.

–Oiga, ¿no será que por ahí me dan una camioneta?

–¿Usted sabe manejar?

–Pues claro, ¿se imagina? Yo la parqueo en la esquina y me pongo a recoger.

Al consultarle sobre ese tema, conocido como la formalización del oficio, que es asociarse y pertenecer a alguna de las organizaciones de recicladores que deben registrarse e integrarse al sistema que se maneja en la Superintendencia de Servicios Públicos y que a su vez deben también ellos, los recicladores, estar registrados en la Unidad Administrativa de Servicios Especiales (Uaesp), Alberto apenas si balbucea.

No entiende de todo ese papeleo. Y es que este hombre, como el 70 por ciento de los que recorren las calles de la ciudad, o no pertenecen a ninguna organización o si lo están como él, no saben cómo operan, no cotizan a la pensión y de la salud ni hablar: les llega o porque están registrados con sus parientes como beneficiarios, en el mejor de los casos, o son atendidos por salud pública.

Del pago al que tiene derecho por el aprovechamiento, ese que todos los ciudadanos cancelan en la tarifa del aseo, es poco o nada lo que sabe. Tampoco entiende.

Lejos está este reciclador de saber que solo en el 2016 se les giraron más de 33.500 millones de pesos, una cifra tan abultada como los corotos que carga y que en total, según los registros oficiales se les han pagado cerca de 70.000 millones de pesos por materiales reportados desde el año 2012 a 2016, una cifra incomparable con los 200 pesos que, durante nuestra primera entrevista, le pagó otro reciclador por un guacal de madera que recogió por los lados de la plaza de las Nieves en la calle 20.

–¿Cuántos recicladores hay en Bogotá?

– Hummm. Quién sabe…

Solo en las 50 cuadras que recorre día a día, dice, se encuentra a unos 200.

–Por ahí unos 15.000.

La cifra que él calcula no está lejos de la realidad: en la Uaesp, esa sigla que ni él, con tantos años de estar en el medio, puede saber qué significa, aparecen reportados 21.336 recicladores de oficio. De estos, 11.082 están bancarizados, es decir que tienen cuenta, hay 9.238 carnetizados y el 70 por ciento de todos ellos no pertenecen a nada.

Al revisar todos esos pagos se encuentra que con ellos se han beneficiado 8.649 recicladores.

–Es que no hay planillas, uno ya no las consigue y lo que no se pesa y no se registra, se pierde, no lo pagan. Por ahí me deben como 600.000 pesitos. Oiga, ¿será que sí me los pagan?

Lo que dice este curtido hombre es que desconoce cómo es la mecánica de los pagos, el pesaje y cómo es la transacción para que le llegue su platica. Y así están la mayoría de sus colegas que no tienen ni idea de cómo es eso de que el material que él lleva y es aprovechable se registra en el Sistema Único de Información (SUI), otra de esas siglas sofisticadas de los sistemas modernos. 

Luego la Superintendencia de Servicios avala el pago y ordena a los prestadores del aseo, es decir las empresas que recogen la ‘basura’, que les pague porque son ellas a las que les llega esa plata a través de la tarifa de aseo.

La otra modalidad es el pago individual que por el Decreto 597 del 2016 a partir de abril del 2018 no se podrá hacer sino solo a través de las organizaciones.

16.000 toneladas

A ciencia cierta nadie entiende cómo es que hoy la ciudad pasó de pagar 1.520 toneladas de materiales aprovechables a 16.000 toneladas, que fueron reportadas en 10 meses, según las cifras de la Superservicios.

En cumplimiento de lo ordenado por la Corte Constitucional que protegió los derechos de esta población y le ordenó al Estado colombiano desarrollar acciones afirmativas para mejorar la calidad de vida de estos trabajadores, la semana pasada se llevó a cabo una jornada de registro de organizaciones de recicladores para formalizar el servicio: fueron en total registradas 61 organizaciones donde están afiliados 6.200 recicladores de oficio. 

Sin embargo, el propio superintendente delegado para Acueducto, Alcantarillado y Aseo, Julián López, denunció que pese a que la jornada era gratuita a muchos les estaban cobrando.

–¿No será porque somos muy abejitas, no?, dijo Alberto y luego partió.

Fuente: EL TIEMPO.

 

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El pasaje del Metro se podrá pagar con botellas recicladas

A través de un sistema de recargas verdes, ahora los viajeros del Metro de Medellín podrán pagar sus viajes reciclando.

Con una tecnología desarrollada en la ciudad por jóvenes emprendedores de la firma Ciclo, se implementará un sistema de servicio público de aseo que busca incrementar el potencial económico de los residuos potencialmente aprovechables, dándoles atributos de dinero en efectivo para pagar servicios de primera necesidad, como transporte público. Y ahora este servicio se articulará con el SITVA – Sistema integrado de transporte del Valle del Aburrá, cambiando reciclaje por saldo en la tarjeta Cívica.

“Se busca potenciar el aprovechamiento de residuos sólidos, incentivar el reciclaje, la economía circular, disminuir los residuos en los rellenos sanitarios y brindar a las personas dinero para pagar productos y servicios de primera necesidad”.

Esta iniciativa antioqueña que ha ganado diferentes reconocimientos; sin embargo, sigue en fase de desarrollo para ampliar la gama de materiales reciclables que sean recibidos por las máquinas.

“Hay países en Europa que solo depositan en los rellenos el 2 por ciento de todo lo que producen, nosotros estamos enterrando el 87 por ciento, literalmente estamos enterrando dinero en efectivo” asegura Tomás Villamil, cofundador de Ciclo.

Una de estas captadoras ya se encuentra en la Estación Universidad del Metro y entrará en funcionamiento el 1 de septiembre como prueba piloto. Este día también se darán a conocer los detalles específicos para el uso de dicha tecnología en articulación con el SITVA.

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“Hay tantos residuos de plástico en el mundo que podrían cubrir un país como Argentina”: la advertencia de un grupo científicos sobre la contaminación que acecha al nuestro planeta

Basura en el planeta

¿Puedes imaginar 1.000 millones de elefantes? Y ahora, ¿puedes calcular cuánto pesan?

Pongámoslo más fácil: imagina el edificio Empire State de Nueva York.

Ahora multiplícalo por 25.000.

Ese peso sería el equivalente del de todo el plástico que ha producido el hombre en los últimos 65 años: 8.300 millones de toneladas.

Al menos eso estima un grupo de científicos liderados por Roland Geyer, de la Universidad de California en Santa Bárbara (EE.UU.), que calcularon por primera vez la cantidad de este material generada en el planeta desde los inicios de su producción industrial.

Lo escalofriante de la cifra es que más mitad de esa cantidad se produjo en los últimos 13 años.

Y no solo eso: más del 70% de la producción total se encuentra ahora en los flujos de desechos de los vertederos y en los océanos: unos 6.300 millones de toneladas.

Entonces, ¿hacia dónde vamos?

¿Un planeta de plástico?

El gran problema del plástico es consustancial a su utilidad: la mayoría de los productos fabricados de este material tienen una vida útil muy corta y suelen ser desechados con facilidad.

Está por todos lados: desde la envoltura de los alimentos y la ropa, hasta la mayoría de los dispositivos electrónicos que usamos.

Pero son precisamente esas características las que ahora nos presentan un riesgo como especie.

Ningún tipo de plástico es biodegradable, al menos no los de uso común.

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La única manera de eliminarlo es mediante un proceso de descomposición conocido como pirólisis o por incineración, aunque este último procedimiento no es recomendado por sus efectos nocivos para la salud y al medio ambiente.

Mientras tanto, los residuos se acumulan.

Hay suficientes restos de plástico en el mundo para cubrir un país entero del tamaño de Argentina“, explicó Greyer a Jonathan Amos, corresponsal de Ciencia de la BBC.

Nos dirigimos rápidamente hacia un ‘planeta de plástico’, y si no queremos vivir en ese tipo de mundo, tal vez tengamos que repensar la forma en que usamos algunos materiales “, dijo.

Alerta en los océanos

Un informe preliminar del estudio, publicado en 2015, causó revuelo luego de que se conociera que cada año se vierten unos ocho millones de toneladas de basura al mar.

Según explica el corresponsal de Ciencia de la BBC, este flujo particular de desechos hacia los océanos es probablemente el que generó más preocupación, por la evidencia de que el material estaba entrando en la cadena alimentaria de los peces y otras criaturas marinas.

El oceanólogo Erik van Sebille, de la Universidad de Utrecht, en Holanda, explicó a la BBC que la proliferación del polímero en los mares está generando un “tsunami de residuos de plástico”, que amenaza la vida en los mares.

  • ¿A dónde va el plástico que tú arrojas al océano?

“Necesitamos un cambio radical en la forma en que nos ocupamos de los desechos de plástico. Como van las cosas, hasta 2060 no tendremos la capacidad de reciclar la misma cantidad de plástico que hoy producimos”, comentó.

Problemas con el reciclaje

Aunque muchas empresas intentan aumentar el reciclaje de plásticos y se proponen nuevas alternativas biodegradables, la producción del material tradicional es tan simple en la actualidad que constituye una práctica difícil de erradicar.

Richard Thompson, profesor de Biología Marina en la Universidad de Plymouth, en Inglaterra, explicó al corresponsal de Ciencia de la BBC que todavía no contamos con la tecnología suficiente para reciclar todo el plástico que se produce.

Sin embargo, según explicó Geyer, una ventaja del plástico es que, al reciclarse, podría mantenerse en uso.

Una botella de agua, por ejemplo, puede reciclarse hasta 20 veces sin que pierda propiedades el material.

Residuos toneladas

Sin embargo, más de 90% de los residuos de plástico que existen hoy en la naturaleza, no fueron reciclados ni una sola vez.

De acuerdo con Geyer, de no tomarse medidas, para 2050, se habrán generado más de 12.000 millones de toneladas de residuos de plástico.

Lo suficiente para sonar todas las alarmas.

 

FUENTE: BBC

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De recolectores de basura a empresarios del plástico

Operarios de Reciclaje

Tres organizaciones de recicladores lograron transformar los desechables en nueva materia prima.

El 21 de marzo del 2006, la rutina parecía ser la misma en el extinto basurero de Navarro, en Cali. Mientras los camiones de la basura arrojaban los desechos, los recicladores se arremolinaban alrededor de los pestilentes montículos para rebuscarse el sustento diario. Eso mismo hacía Carmen Rosa Reyes cuando un mal paso la enterró bajo la rueda de uno de esos vehículos.

Carmen se desvaneció. A sus 26 años, esta joven, curtida desde la adolescencia en el oficio del reciclaje, tenía la pierna derecha prácticamente astillada desde la rodilla hasta el fémur.

Una madeja de tornillos y un año de incapacidad fueron necesarios para que Carmen volviera a caminar con dificultad. Apenas pudo regresó al basurero y luego, en el 2009, cuando la administración municipal ordenó su clausura definitiva por problemas ambientales, continuó su oficio en las calles.

“Yo no sabía hacer nada más, ¿cómo iba a buscar trabajo en otro lado? Apenas vieran el problema de la pierna me despacharían. Jamás se me ocurrió que podría trabajar en una empresa”, cuenta Carmen, hoy con 39 años y madre cabeza de hogar.

Hoy, su realidad es otra: forma parte del equipo de cinco operarios de Recicloplas,la primera planta transformadora de plástico liviano de Colombia, creada en el 2014 por tres asociaciones de recicladores de Cali que agrupan a unos 400 personas.

Allí, Carmen se ha convertido en una experta en polímeros. Su trabajo consiste en clasificar los residuos de poliestireno y polipropileno, materiales con los cuales se elaboran vasos, platos, cubiertos y empaques desechables, que luego sus compañeros –también exrecicladores– lavan, muelen y

Empresa pionera

Tal idea de negocio surgió en el marco de un programa social que durante los últimos siete años ha desarrollado la Fundación Carvajal, con el objetivo de crear las condiciones que permitieran dignificar el oficio de los recicladores a través de capacitaciones, desarrollo de habilidades y apoyo técnico y financiero y, a su vez, aportar a la consolidación empresarial de las organizaciones que los agrupan, una intervención que se ha convertido en estudio de caso de la Maestría en Responsabilidad Social y Sostenibilidad de la Universidad Externado de Colombia.

Así las cosas, en el 2014, Arena, Redecol y Ecofuturo, tres de las organizaciones de recicladores beneficiarias de ese proceso, decidieron unirse y conformar una empresa que se dedicara a la transformación de plásticos livianos, un material desechable que nadie reciclaba.

“Para ese entonces, Carvajal Empaques necesitaba cerrar el ciclo de los plásticos que producía, y nos plantearon esa oportunidad de mercado con la promesa de que todo el material que transformáramos, ellos lo comprarían”, cuenta Gloria Belalcázar, exrecicladora y miembro de la junta directiva de Recicloplas. Ese mismo año, Arena, Redecol y Ecofuturo ganaron una convocatoria del Departamento para la Prosperidad Social (DPS) con la que pidieron maquinaria para su emprendimiento, y el resto de equipos los compraron con ahorros propios y recursos de la Fundación Carvajal.
En el 2016 iniciaron el montaje de la planta con la maquinaria y empezaron a procesar los primeros volúmenes.

Negocio en crecimiento

Hoy, Recicloplas tiene un modelo de negocio en el que le compra el material posconsumo a una ‘tropa’ de 20 recicladores que recogen vasos, platos y otros plásticos desechables livianos por medio de una microrruta selectiva que montaron en unas 25 unidades residenciales de Cali.

Adicionalmente, lograron un convenio con Progecol, operador logístico que se encarga de recuperar material reciclable de grandes generadores, como universidades, centros comerciales y hospitales, y también procesan los residuos pos-indutriales que genera la producción de Carvajal Empaques.

En junio pasado, Recicloplas logró su punto de equilibrio financiero, y actualmente están procesando entre 5 y 6 toneladas mensuales, producción que hasta el momento les compra Carvajal Empaques.

Con este plástico transformado, la compañía, por medio de su área de innovación, está probando nuevos empaques y soluciones que no entren en contacto con alimentos. “También les estamos ayudando a buscar nuevos clientes. Hemos tocado puertas de fabricantes de maderas plásticas en Cali, Medellín y Bogotá y estamos trabajando con Rimax”, sostiene Ana Milena Muñoz, gerente de sostenibilidad de Carvajal Empaques.

Por su parte, mientras Carmen separa plásticos desechables en la planta de Recicloplas, ubicada en el popular Barrio Obrero, recuerda que a ese mismo material ‘le hizo el feo’ en sus largas jornadas de reciclaje por las calles de Cali. Asegura que se siente a gusto con su trabajo, pues no solo es parte de una empresa en crecimiento, sino que cuenta con un ingreso fijo, un “horario de oficinista” y buenas condiciones de trabajo.

Gloria Belalcázar asegura que este emprendimiento de la comunidad recicladora solo necesita más clientes que los apoyen y les compren su producción, empresas que se convenzan de darle una segunda oportunidad al plástico.

“La idea es que cuando la empresa crezca no solo emplee a más recicladores como operarios, sino que genere dividendos para los 400 asociados de las tres organizaciones. Al final, apoyar a Recicloplas es apoyar a un reciclador, a un gestor ambiental que está evitando que el vaso que usted utilizó para tomarse un café o un jugo vaya a parar a los caños y ríos de su ciudad”, puntualiza.

FUENTE: EL TIEMPO.

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A partir del 1 de julio los colombianos tendrán que pagar por sus bolsas plásticas

Reglamentación de Bolsas Plásticas en Colombia

Desde el 31 de diciembre, cuando entró en vigencia la resolución 668 de 2016, Colombia comenzó a reglamentar el uso de bolsas plásticas menores a los 30 x 30 centímetros. Entre los anuncios importantes que establecía esta medida, se informaba que a partir del 1.° de julio los colombianos tendríamos que comenzar a pagar un tributo por cada bolsa plástica que consumimos.

En mayo de 2017, el Ministerio de Ambiente, basado en cifras de la propia industria del plástico, había revelado que el consumo de estas bolsas disminuyó en un 27 por ciento en lo corrido del año. Este dato provenía de las ventas anuales de cerca de 80 empresas.

En un principio se habló de que el tributo pagado por los colombianos sería de $ 50. También se habló de $ 20 y de $ 10. No obstante, los comerciantes señalaron una limitación que a hoy, 28 de junio, cuando conocemos del costo real, todavía es una inquietud por resolver: en Colombia no se cuenta con una moneda de esta denominación.

 Guillermo Botero, presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) se ha dirigido a los medios de comunicación para hablar de esta confusión y de las inquietudes que la entrada en vigencia que la norma ha despertado entre el sector comercio.

No se sabe si las bolsas las pueden regalar los establecimientos, tampoco hay claridad si ese valor tiene IVA o no. En ese caso, los compradores tendrían que pagar $ 23,8 por bolsa y eso nos mete en problemas, porque, por mandato de la Superintendencia de Industria y Comercio hay que dar las vueltas exactas”, sostuvo Botero a Porfafolio.co.

La norma, que fue emitida desde abril de 2016, también contempla un incremento anual de $ 10 para cada una de las bolsas, calculando así que en el 2020, cada que un colombiano use una bolsa de plástico, tenga que pagar $ 50.

Frente a las dudas de Fenalco, la Dian afirmó a Portafolio que la norma tiene algunas excepciones.

“Se aplican a todas aquellas talegas cuya finalidad no sea cargar o llevar productos; las que sean utilizadas como material de empaque de los productos pre-empacados, las biodegradables certificadas por el Ministerio de Ambiente o las reutilizables que cumplan características definidas por el Gobierno.

La respuesta del Ministerio de Ambiente

Por su parte, la cartera de Ambiente ha recordado que el objetivo de esta medida no es la recaudación de recursos económicos, el objetivo es “desestimular el uso de la bolsa plástica en los puntos de pago, con lo cual se espera reducir los impactos ambientales asociados con los residuos generados por las bolsas después de que dejan de usarse”, expresó a EL TIEMPO Luis Gilberto Murillo, ministro de Ambiente.

Por ahora, y mientras se espera una regulación puntual, los colombianos y las empresas ya comienzan a ser conscientes de la importancia de esta medida que se aplica en diferentes partes del mundo.

Mientras la ciudadanía hace cada vez más uso de las bolsas de papel y de tela, algunos supermercados ya realizan jornadas como: “el día sin bolsa de plástico”.

De acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), cada colombiano usa seis bolsas plásticas a la semana, unas 288 al año, y pocos la reutilizan o las disponen correctamente.

Fuente. El Tiempo

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CIENTÍFICOS BRITÁNICOS OBTIENEN BIOPLÁSTICOS A PARTIR DE AZÚCAR Y DIÓXIDO DE CARBONO

Además de ser biodegradables, estos nuevos plásticos libres de bisfenol A son biocompatibles, lo que permitiría su uso en aplicaciones médicas como los implantes o el cultivo de órganos.

Una investigación de Centro de Tecnologías Químicas Sostenibles de la Universidad de Bath (Reino Unido), propone la producción de plásticos biodegradables usando azúcar y dióxido de carbono (CO2) como alternativa a los plásticos convencionales fabricados a partir de combustibles fósiles.

El policarbonato es un tipo de plástico utilizado en múltiples aplicaciones, como las botellas de bebidas, lentes para anteojos, revestimientos para teléfonos, CD y DVD… Sin embargo, en los actuales procesos de fabricación de policarbonato se usa Bisfenol A (BPA) –de uso prohibido en mamaderas- y un componente químico industrial llamado fosgeno, altamente tóxico y que incluso fue utilizado como arma química en la Primera Guerra Mundial.
Lo que han hecho los investigadores de la Universidad de Bath ha sido producir policarbonatos alternativos a partir de azúcares y CO2, en un nuevo proceso que también usa bajas presiones y temperatura ambiente, lo que lo hace más barato y seguro. Este nuevo tipo de policarbonato se puede biodegradar de nuevo en dióxido de carbono y azúcar mediante el uso de enzimas de bacterias comunes.
Este innovador plástico es además biocompatible, por lo que en el futuro podría usarse en implantes médicos o como soporte para el cultivo de órganos de reemplazo para trasplantes.

MÁS SEGURO Y MÁS LIMPIO

El bioplástico resultante de este nuevo proceso tiene propiedades físicas similares a los plásticos convencionales en aspectos como la dureza, la transparencia y la resistencia a arañazos. La diferencia crucial reside en que pueden ser biodegradados.
Según explicó el doctor Antoine Buchard, miembro del equipo investigador, “con el actual crecimiento poblacional, existe un incremento de la demanda de plásticos. Este nuevo plástico es una alternativa renovable a los polímeros basados en combustibles fósiles, potencialmente barato y, como es biodegradable, no contribuirá a la creciente presencia de residuos en océanos y vertederos”.
El experto insiste en que el proceso desarrollado por su equipo “utiliza dióxido de carbono en lugar de fosgeno, químico altamente tóxico, y produce plástico libre de BPA, así que no solo el plástico es más seguro, sino que el proceso de fabricación es también más limpio”.
El Dr. Buchard y su equipo han publicado su trabajo en una serie de artículos en las revistas científicas Polymer Chemistry y Macromolecules.

INSPIRADOS EN LA NATURALEZA

Los investigadores se inspiraron en la naturaleza para desarrollar el proceso, usando el azúcar presente en el ADN llamado timidina como “bloque de construcción” para obtener un innovador bioplástico con un gran potencial.
Según explica la estudiante de doctorado y autora principal de los artículos, Georgina Gregory, “la timidina es una de las unidades que componen el ADN. Debido a que ya esté presente en el cuerpo, significa que este plástico será biocompatible y puede usarse de forma segura en aplicaciones de ingeniería de tejidos“.
Además, “las propiedades de este nuevo bioplástico pueden afinarse mediante la modificación de su estructura química; por ejemplo, podemos hacer un plástico cargado positivamente de modo que las células puedan adherirse a él, haciéndolo válido como soporte para la ingeniería de tejidos”, explica Gregory.
Los investigadores también han estudiado el uso de otros azúcares como la ribosa y la manosa. En este sentido, el Dr. Buchard añade que “los químicos llevan cien años experimentando con el uso de productos petroquímicos como materia prima, así que necesitamos empezar de nuevo utilizando materias primas renovables como el azúcar como base de materiales sintéticos pero sostenibles. Aún es pronto, pero el futuro parece prometedor”.
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